Martes, 7 de julio de 2015. Imagen © El Universal, 2016. El pasado 5 de julio fue inscrito como Patrimonio Cultural de la Humanidad, ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Acueducto del Padre Tembleque. Esto por considerarlo una obra excepcional de ingeniería hidráulica en México y América, realizada en el Virreinato hace más de 400 años, durante el siglo XVI.
La UNESCO señaló que los motivos que determinaron la declaratoria son: "Por tratarse de una obra maestra del genio creativo del hombre, así como manifestación de un intercambio considerable de valores humanos durante un periodo determinado o un área cultural específica, en el desarrollo de la arquitectura o la tecnología, las artes monumentales, la planificación urbana o el diseño de paisajes".
En términos generales, la definición de Patrimonio Cultural refiere aquel testimonio pasado, tangible o intangible, propio de un grupo social específico y que, por su valor y excepcionalidad, requiere ser preservado, estudiado y transmitido a generaciones presentes y futuras. Lo excepcional de esta obra hidráulica, levantada entre 1554 y 1571, radica tanto en su planificación, construcción y financiamiento, como en el conjunto de arquerías requeridas, de las cuales la más conocida es la encontrada en el Estado de México y llamada "Arquería Mayor de Tepeyahualco". Esta arquería se desarrolla en poco más de 900 metros y emplea 68 arcos de medio punto.
El acueducto tenía como objetivo conducir y proveer agua a algunas regiones del Estado de México, principalmente Otumba. El fraile franciscano Francisco de Tembleque planificó el proyecto, el cual hubiera sido imposible de ejecutar sin el apoyo de los pueblos originarios de la zona. Se dice que 40 comunidades se sumaron a la empresa ingenieril, ofreciendo no únicamente mano de obra, sino también financiamiento, ya que la Corona Española no realizó aportación alguna al desarrollo del proyecto.
Hasta aquí mis intentos, breves y generales, de reconocer más que una obra específica de ingeniería, un testimonio de proyecto social colectivo, de esos que hoy día continúan ofreciéndose como alternativas a las más diversas muestras de inanición y desprecio político o institucional.
¿Qué implica y significa la declaratoria? No es revelación alguna saber que el patrimonio histórico y cultural físico-construido del país se encuentra en riesgo, vulnerabilidad, descuido o en situación de abuso y explotación por terceros. Si algunos de los sitios arqueológicos más reconocidos e identificados como emblemáticos del país -Teotihuacán, Tulum, Monte Albán, El Tajín, Chichén Itzá, entre otros- padecen la actual crisis de la tenencia de la tierra derivada de una urbanización descontrolada y voraz, ¿qué puede esperarse de todos aquellos sitios que, siendo patrimoniales o de valor histórico, no gozan de los cuidados o atenciones de las instancias públicas responsables? ¿Para qué sirven entonces las declaratorias nacionales o internacionales? Al parecer, no para mucho, al menos no en el sentido de su preservación, cosa no menor.
Las declaratorias de la UNESCO, por lo menos en México y contrario a lo que se señala con énfasis en los medios, están lejos de ser títulos que aseguren la salvaguarda, la preservación, el estudio y la promoción del patrimonio cultural, tangible o intangible. Al contrario, resulta frecuente que quienes promueven las declaratorias sean los mismos que se encargan de atentar contra lo patrimonial, situándolo en un ámbito exclusivo de comercialización o desmedida mediatización. Me refiero tanto a instituciones como a funcionarios incompetentes o éticamente menores, quienes con sus políticas de mercantilización de lo patrimonial dan espacio únicamente a la voracidad de inversores o promotores turísticos.
Es opinión de muchos especialistas que el patrimonio, que todo aquello con profundos valores históricos y culturales del país, se encuentra en riesgo; que las políticas de mercantilización adoptadas por los gobiernos estatales y federal sitúan en crisis la herencia cultural del país, al no protegerla ni salvaguardarla efectivamente.
En relación con lo anterior, cito un ejemplo que considero ilustrativo de la problemática actual de lo patrimonial en México y la invalidez de las declaratorias internacionales dentro del operar institucional en nuestro país. En 2007 fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad el campus central de Ciudad Universitaria de la UNAM. Después de la declaratoria eran esperables ciertas modificaciones en la interacción con los inmuebles, espacios y demás elementos que sustentaron la nueva condición de CU. Eran esperables además programas exhaustivos y pertinentes de rehabilitación y protección. Se trataba de la UNAM, ni más ni menos.
A más de ocho años de la declaratoria, salvo un cubículo que ofrece recorridos a extranjeros, no ha existido modificación alguna -por lo menos tangible- que represente incentivos dentro de la comunidad universitaria para la valoración de CU con miras a su cuidado y preservación. Los murales de la Rectoría están en evidente deterioro, en específico "El pueblo a la Universidad, la Universidad al pueblo" de David Alfaro Siqueiros, el cual presenta considerables desprendimientos de piezas de mosaico sin que autoridad alguna se pronuncie.
Y qué decir del mural encontrado en la fachada principal del edificio de la Facultad de Medicina, donde Francisco Eppens montó en 1953 "La vida, la muerte, el mestizaje y los cuatro elementos". Este último mural evidencia un deterioro severo e irreversible; está al borde del colapso e incluso plantea riesgos para la comunidad universitaria.
Por lo anterior insisto: lo patrimonial en México constituye, por un lado, una gran industria que convierte un bien nacional en elemento meramente comercial. No por nada nuestro país es el que cuenta con más declaratorias patrimoniales en todo el continente americano. Por otro lado, y en buena medida, las declaratorias de la UNESCO en México son también mecanismos de simulación que avalan y arropan las acciones de determinadas instituciones así como la gestión de funcionarios.
Estas declaratorias ofrecen el mensaje erróneo de que la protección y salvaguarda de lo patrimonial en el país importa, cuando en realidad el patrimonio es una agenda -como tantas- en espera impaciente de ser atendida y reencauzada desde una pertinencia cultural y social, desde un proyecto político en materia de cultura y patrimonio de gran alcance que justamente hoy no existe.
http://www.contralinea.com.mx/c14/html/contrass/patrimonio.html
http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2011/07/19/en-riesgo-patrimonio-arqueologico-de-mexico/
http://tgc.com.mx/tgc/wp-content/uploads/2013/11/ACUEDUCTOT.pdf

https://www.youtube.com/watch?t=589&v=QggO1bXAruw
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