El programa y proyecto social / político inaplazable

Miércoles, 22 de octubre de 2014. El asesinato de los normalistas en Iguala, perpetrado por el crimen organizado en complicidad con autoridades municipales, estatales y federal, constituye una respuesta brutal a la amenaza que representa un grupo de jóvenes estudiantes socialmente organizados. Estos jóvenes confiaban en la manifestación pública como herramienta legítima para presionar a autoridades corruptas vinculadas al narcotráfico.

Los señalamientos sobre la descomposición institucional y social de México nunca serán excesivos ni banales. La indignación, el hastío y el desprecio hacia la clase política, que se ha apoderado de la totalidad de las instituciones, representan el vínculo con una conciencia social que, aunque amorfa y desconfiada, aspira a materializarse en transformación y renovación.

En este momento desolador no sabemos desde qué ámbito ideológico, desde qué programa o proyecto social y político habrá que esperar una respuesta. México es un país de dramas profundos, una nación socialmente fracturada. Muchos de estos problemas, aparentemente coyunturales, nos ahogan con su crudeza cotidiana. Otros, de vieja data, permanecen confusos en espera de justicia. Tanto los actuales como los históricos han estallado dramáticamente hoy, y todos comparten una síntesis incuestionable: impunidad, corrupción, falta de rendición de cuentas e ingobernabilidad.

¿Cómo llegamos hasta aquí? Es difícil resumir un proceso largo y complejo que cobija las múltiples crisis que nos asfixian. Sin embargo, las políticas neoliberales ,eufemísticamente llamadas "de desarrollo económico y social", asumidas por el deficiente sistema político mexicano e impuestas por países hegemónicos e instituciones internacionales, tienen una responsabilidad determinante.

Estas políticas, mediatizadas como reformas en México y el resto del tercer mundo, han agudizado el subdesarrollo, incrementado el poder de una élite y propiciado una brutal desigualdad social, económica, educativa y cultural. Lo peor es que en México continuamos aplicando reformas: el esquema evoluciona, degradando todo a su paso.

Dentro del debate sobre si México es un Estado fallido o un Estado en crisis, requerimos reconocer y estudiar las fallas estructurales del sistema político, social y económico. Este análisis es indispensable para fortalecer posiciones críticas que mantengan el pulso de nuestra situación como sociedad y nos acerquen a algún tipo de acción y, más importante aún, a la definición de horizontes.

¿Cómo modificar esta realidad? Los mecanismos son múltiples. Por ahora, en el marco de las manifestaciones por los normalistas de Ayotzinapa, es fundamental la vinculación con diversos sectores sociales y la academia. Estos son espacios genuinos de análisis y generación de ideas, ámbitos propicios para el reconocimiento y estudio de posiciones críticas. No puede haber activismo social responsable y contributivo sin información e intencionalidad suficientes.

Tengo profundo respeto y confianza en las movilizaciones sociales porque representan medios desde los cuales pueden enviarse mensajes que eduquen y faciliten el cambio. Pero de fondo, lo que necesitamos no es exigir más al gobierno: necesitamos que nuestra sociedad alcance plena conciencia de lo urgente que es cambiar las estructuras del poder político en México. El programa y proyecto social y político que requerimos definir e implementar debe ser un objetivo inaplazable.



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